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Piel · Experimento de 30 días

Puse un filtro de regadera a prueba 30 días: lo que cambió en mi piel y lo que no

Paulina Cruz
Por Paulina Cruz 4 de agosto, 2026 · 5 min de lectura

No lo compré porque me lo creyera. Lo compré porque llevaba meses viendo el mismo video en mi feed —una chica jurando que su piel cambió por filtrar el agua de la regadera— y ya me daba coraje.

Tengo 29 años y sigo con brotes en la barbilla. He probado ácidos, niacinamida, tres limpiadores distintos y una rutina de siete pasos que abandoné a la semana.

Así que hice lo único que se me ocurrió para quitármelo de la cabeza: comprarlo y ponerlo a prueba en serio.

El filtro recién sacado de la caja
Esto es todo lo que llegó.
Las reglas que me puse
  1. No estrenar nada durante los 30 días. Mismas cremas, mismo limpiador, mismo maquillaje.
  2. Foto de la cara el día 1 y el día 30. Misma ventana, misma hora, sin filtro y sin base.
  3. No contarle a nadie hasta terminar, para no andarme convenciendo sola.
  4. Si a los 30 días no pasaba nada, lo escribía igual. Esa era la parte que más ganas tenía de escribir.

Día 0: la instalación

Llegó en una caja más chica de lo que esperaba. Se enrosca entre el brazo de la pared y la regadera, a mano. No necesité plomero ni herramientas y no soy nada hábil para esto.

Se enrosca entre el brazo de la pared y la regadera. Eso es toda la instalación.

Las primeras dos semanas

Primeros días

Lo primero que cambió no fue mi piel.

Se ve mejor el baño, para empezar. Y la presión — eso no me lo esperaba — subió un nivel; me quedé bajo el agua más tiempo del que debería admitir.

Pero lo que me hizo levantar la ceja fue el pelo: a los pocos días ya tenía menos frizz.

De la cara, cero. Anoté en mi teléfono: “ojalá esto no sea nada más una regadera bonita”.

El pelo a los pocos días. Mismo shampoo de siempre, esa era la regla.
Semana 2

Aquí sí pasó algo, pero no lo que esperaba. Salí de bañarme y no sentí ese jalón en los cachetes. La piel no me pedía crema a gritos.

Lo apunté con dudas. Podía ser el clima.

Lo que me hizo tomarlo en serio fue darme cuenta de que ese jalón lo sentía desde hace años y nunca lo había registrado como un problema. Simplemente pensaba que bañarse era así.

Resulta que llevaba años echándole crema a una piel que acababa de resecarse sola.

La semana que sí me sorprendió

La piel el día 1 y a las cuatro semanas
Día 1 y día 30. Misma cámara, misma luz, cero maquillaje. No cambié un solo producto en medio.
Semana 3

Dejaron de salirme brotes nuevos. Los que ya tenía siguieron su curso, pero la barbilla dejó de estrenar uno cada dos días.

Y la cara se veía distinta al despertar. Menos roja, más pareja. Eso que en internet llaman glowy y que yo siempre creí que era luz buena y edición.

Día 30

Saqué la foto en la misma ventana y a la misma hora, y la puse junto a la del día 1.

Lo que no cambió

Si solo cuento la parte bonita esto no sirve de nada. Así que también anoté lo que no pasó:

Treinta días no hicieron esto
  • No me borró las marcas que ya tenía. Esas siguen ahí.
  • No me quitó las ojeras, aunque medio internet me lo prometió.
  • No me desapareció el acné. Bajó bastante, pero sigo teniendo días malos.
  • No me ahorró la protección solar ni el limpiador. Sigo haciendo lo mismo.

Mi conclusión honesta: esto no es un tratamiento. Es dejar de agredir la piel dos veces al día. Lo demás sigue siendo tu trabajo.

Por qué creo que pasó

Me puse a leer y la explicación resultó bastante aburrida, que es justo por lo que le creo.

El agua de la llave viene con cloro, metales y sedimentos. El cloro hace su trabajo matando bacterias, pero de paso se lleva la grasa natural que protege tu piel. Se la lleva cada mañana, y otra vez en la noche.

El filtro no le agrega nada al agua. Le quita.

Las capas de colores que se ven adentro son las que hacen el trabajo.

Lo que me preguntaron cuando conté esto

¿Sirve si mi agua se ve limpia?

La mía se ve transparente. El cloro y los metales no se ven ni se sienten en la mano — se notan en cómo te queda la piel al salir. Si sales del baño con la cara jalada, ahí tienes tu pista.

¿Le queda a mi regadera?

Si tu regadera se enrosca, sí. En la caja vienen los anillos y la cinta que necesitas. Un minuto, sin herramientas.

¿Me va a bajar la presión?

Era mi miedo número uno porque odio bañarme con hilito de agua. Me pasó lo contrario: el chorro se siente mejor que con la regadera que traía, que ya tenía sus años encima.

¿En cuánto se nota?

A mí la primera semana no me pasó nada y ya lo daba por perdido. Lo de la piel tirante fue en la segunda y lo de los brotes en la tercera. Si buscas algo para el fin de semana, este no es.

¿Y si no funciona?

Es la pregunta correcta. Yo entré dispuesta a escribir que no había servido; me habría dado hasta más gusto. No fue el caso, pero tu piel no es la mía.

¿Lo volvería a comprar?

Sí, y me molesta un poco admitirlo.

El que usé es el filtro SOMA de Waterly, $945 pesos. Es menos de lo que llevo gastado en un solo sérum que no me hizo nada, y a diferencia del sérum, este no me pidió acordarme de él todos los días.

Treinta días después sigue puesto. Esa es toda la reseña.

Día 30 y ahí sigue.
Este texto relata la experiencia personal de la autora durante 30 días y los resultados pueden variar de persona a persona. El contenido es informativo y no sustituye la valoración de un dermatólogo o profesional de la salud.